Los errores no matan, el miedo a decirlos sí.
- Maricarmen Fajardo

- 16 abr
- 1 min de lectura
El mayor riesgo no son los errores, sino el miedo a hablar de ellos.
La primera vez que leí esto fue de niña, cuando mi mamá me regaló mi primer libro, "El Principito"
Una boa se traga a su presa entera y puede pasar meses digiriéndola en silencio.
Hoy lo he visto tantas veces en el mundo empresarial. Muchas empresas se apagan poco a poco: no por una crisis externa, sino por la falta de comunicación, la incongruencia o el miedo a decir lo que importa.
En el mundo empresarial sucede algo parecido. La falta de comunicación, la ausencia de motivación o la incongruencia en el liderazgo pueden tragarse a una empresa entera. No ocurre de golpe, ni con grandes explosiones. Pasa en silencio, poco a poco, hasta que lo más valioso se asfixia: el talento, la creatividad, la confianza.
He visto cómo el miedo a expresar emociones, a tener conversaciones difíciles, o simplemente a compartir información clave a tiempo, termina siendo la mordida inicial. El problema no es el error en sí, sino el silencio que lo cubre. El verdadero veneno está en lo que no se dice.

Porque cuando la gente calla por miedo, los proyectos pierden dirección. Cuando la congruencia se diluye, los equipos se desmotivan. Y cuando se evita hablar de lo incómodo, se construyen muros invisibles que tarde o temprano derriban lo construido.¿Cómo evitarlo?
Habla pronto, aunque incomode.
Sé congruente: tus acciones deben respaldar tus palabras.
Comparte conocimiento: guardarlo por miedo es frenar al equipo.
Crea un espacio donde disentir sea seguro: el conflicto bien manejado construye.



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